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Agave parrasana



Es natural de zonas montañosas de gran altitud de México.

 Forma parte de la familia Agavaceae.

Es una suculenta que llama la atención por su belleza y robustez.

Debido a su reducida envergadura y lento crecimiento resulta perfecta para cultivar en una maceta.

Forma una roseta de pequeño tamaño, organizada de manera compacta, muy simétrica y proporcionada, parecida a una alcachofa abierta.

Las hojas de apariencia cerosa son cortas, muy anchas y de color gris azulado.

Los bordes están jalonados de potentes dientes curvos de color rojizo oscuro casi negro, acabando en una fuerte y contundente espina.

Forma una especie de espárrago largo de donde surgen los racimos de flores de color verde.

Florece a comienzos del verano, pero lo hace cuando la planta tiene varios años.

La planta florece en una sola ocasión, y una vez que ha florecido muere.


Pero es fácil hacerse con nuevos ejemplares por medio de los retoños (como se ve en la fotografía) que nacen en la base de la planta, al final de la primavera o en verano.

Después de cortar las pequeñas plantitas se deben dejar secar durante un par de días, plantándolas a continuación en un sustrato propio de cactus.

Sólo hay que regarla cuando el sustrato se perciba seco. De tanto en tanto se puede abonar de forma suave con un fertilizante para cactus.

Es capaz de soportar del mismo modo el calor y el frío, tolerando incluso heladas pasajeras.

 Hay que situarla en zonas bien soleadas todo el año.







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